Acaso el amor lo cura todo?

jueves, 22 de marzo de 2012

Oraciones coordinadas y subordinadas.


Subordinadas:
·         Una tercera parte del salón falto a clases, mientras el resto asistió como es debido.
·         Llegué a mi casa cuando ya no había sol.
·         Compré un disco de música que se oye bien chido.

Coordinadas:
·         Me gustan los tacos aunque las hamburguesas igual me agradan.
·         José murió de cáncer y su hijo heredo 20 mil pesos.
·         Yo mando, tú obedeces.

Construcción de oraciones

Simples:
·         Pablo come pizza.
·         María tiene un gato.
·         Iván juega tetris.

Compuestas:
·         Gustavo se relaja durante todo su tiempo libre en casa, los martes.
·         Bruno ha amado los martes toda su vida, sin explicación u objeto alguno, extrañamente.
·         Mi tostadora funciona bien chido cuando la conecto a mi regulador de corriente eléctrica, los martes

Conclusión acerca del plagio


            Seltiel fue despojado de un premio de aproximadamente 200,000 pesos por culpa de un delicado movimiento de plagio, a pesar de que este ni siquiera atentaba contra aquello por lo que fue premiado, esto me dio a entender y reflexionar sobre la profundidad y delicadeza de lo que es el plagio, más que degradar una simple tarea, o un libro o algo por el estilo, atenta contra el nombre de la creatividad ajena, y la moralidad propia, no solo degrada aquello a lo que llamamos material inteligente, sino uno como persona se ve degradado por esta falta ética.

Correcciones de formato de cita y referencias

            Cometimos unos cuantos errores de aplicación de contexto, como separación de ideas (cosa que se manifiesta en forma de párrafos de mas), omisión de sangría (cosa que supuse que sucedería), que me parece un detalle muy sencillo, pero a veces las cosas más sencillas son en las que tenemos más dificultades, sobre todo en un contexto que va camino al profesionalismo, donde los mayores obstáculos son el exceso de confianza y la omisión de detalles diminutos.

             Concluyo mencionando que honestamente a mí, como integrante de un equipo, me pareció muy productiva esta clase, y ya que este es un trabajo global de mi equipo, a mi equipo igual le pareció productiva, ya sea siendo representados por mí en esta entrada, o ante méritos de cada uno, fue un buen repaso a algo tan básico en cuestión de aprendizaje en forma cronológica (por ahí de primaria), solo que en un contexto más profesional.
Sentimientos y emociones.
. “Sólo cuando reconocemos, aceptamos, entendemos y sabemos expresar adecuadamente nuestros sentimientos, podemos aumentar propio bienestar y entender y relacionarnos mejor con los demás”.
“Conocer y manejar nuestras emociones, es vital para tener una buena calidad de vida”.
“Las emociones nos ayudan a identificar diferentes aspectos de las situaciones que estamos viviendo, que pueden pasar desapercibidos para nuestra consciencia. Nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos y nos ayudan a relacionarnos mejor con las personas que nos rodean”.

. Al conocerse uno mismo puede conocer mejor a los demás y relacionarse mejor con ellos, hay que reconocernos tal y como somos y no soloa parentar; esto es la base para una buena relación con otros. Esta página me resulta muy interesante ya que está conformada por expertos en la materia de psicología y muestra muchos aspectos de uno mismo.

Crecimiento y Bienestar Emocional. (Recuperado el 21/03/2012),www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/emociones-indice.htm

Aportación al tema

 Según Coelho:
— Quiero hablar de otro tipo de amor —insistió—. Aquel que comparten un hombre y una mujer, y en el que también se manifiestan los milagros.
Le cogí las manos. Él podía conocer los misterios de la Diosa, pero de amor sabía tanto como yo. Por mucho que hubiese viajado.
Y tendría que pagar un precio: la iniciativa. Porque la mujer paga el precio más alto: la entrega. 
Estuvimos cogidos de las manos durante un largo rato. Leía en sus ojos los miedos ancestrales que el verdadero amor coloca como pruebas a ser vencidas. Leí el recuerdo del rechazo de la noche anterior, el largo tiempo que pasamos separados, los años en el monasterio en busca de un mundo donde esas cosas no ocurrían.
Leía en sus ojos los millares de veces que había imaginado aquel momento, los escenarios que había construido a nuestro alrededor, el corte de pelo que yo debía de llevar y el color de mi ropa. Yo quería decir «sí», que se-ría bienvenido, que mi corazón había ganado la batalla. Quería decirle cuánto lo amaba, cuánto lo deseaba en aquel momento. 
            Pero continué en silencio. Asistí, como en un sueño, a su lucha interior. Vi que tenía ante él mí «no», el miedo de perderme, las palabras duras que había oído en momentos semejantes, porque todos pasamos por eso, y acumulamos cicatrices.
Sus ojos empezaron a brillar. Sabía que estaba venciendo todas aquellas barreras.
Entonces solté una de sus manos, cogí un vaso y lo puse en el borde de la mesa.
— Se va a caer —dijo él.
— Exacto. Quiero que tú lo tires.
— ¿Romper un vaso?
            Sí, romper un vaso. Un gesto aparentemente simple, pero que implicaba miedos que nunca llegaremos a entender del todo. ¿Qué hay de malo en romper un vaso barato, si todos hemos hecho eso sin querer alguna vez en la vida?

— ¿Romper un vaso? —repitió—. ¿Por qué?
— Podría dar algunas razones —respondí—. Pero la verdad es que es sencillamente por romperlo.
— ¿Por ti?
— Claro que no.
Él miraba el vaso en el borde de la mesa, preocupado de que fuese a caerse.
            «Es un rito de pasaje, como tú mismo dices —tuve ganas de decirle—. Es lo prohibido. Los vasos no se rompen adrede. Cuando estamos en los restaurantes o en nuestras casas procuramos que los vasos no queden en el borde de la mesa. Nuestro universo exige que tengamos cuidado para que los vasos no caigan al suelo.»
            Sin embargo, seguí pensando, cuando los rompemos sin querer, vemos que no era tan grave. El camarero dice «no tiene importancia», y nunca en mi vida, he visto que en la cuenta de un restaurante hayan incluido el precio de un vaso roto. Romper vasos forma parte de la vida y no nos hacemos daño a nosotros ni al restaurante ni al prójimo.
Moví la mesa. El vaso se bamboleó, pero no cayó.
— ¡Cuidado! —dijo él, instintivamente.
— Rompe el vaso —insistí.
            Rompe el vaso, pensaba para mí, porque es un gesto simbólico. Trata de entender que yo rompí dentro de mí cosas mucho más importantes que un simple vaso, y estoy feliz de haberlo hecho. Mira tu propia lucha interior, y rompe ese vaso.
            Porque nuestros padres nos enseñaron a tener cuidado con los vasos, y con los cuerpos. Nos enseñaron que las pasiones de la infancia son imposibles, que no debemos alejar a hombres del sacerdocio, que las personas no hacen milagros, y que nadie sale de viaje sin saber adónde va.
            Rompe el vaso, por favor, y libéranos de todos esos conceptos malditos, de esa manía de tener que explicarlo todo y hacer sólo aquello que los demás aprueban.
—Rompe ese vaso —pedí una vez más.
            Él clavó su mirada en la mía. Después, despacio, deslizó la mano de la mesa hasta tocar el vaso. Con un rápido movimiento, lo empujó al suelo.
            El ruido del vidrio roto llamó la atención de todos. En vez de disfrazar el gesto con alguna petición de disculpas, él me miraba sonriendo, y yo le devolvía la sonrisa.
— No tiene importancia —gritó el chico que atendía las mesas.
            Pero él no le oyó. Se había levantado, me había cogido por los cabellos y me besaba.
Coelho, P. (1998). A orillas del río piedra me senté y lloré. México, D.F. Editorial Planeta, S.A.


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